lunes, 17 de noviembre de 2014

Me mintieron

La vida me enseñó (y me continúa enseñando) que de quien más aprendo hoy y siempre, es de mí misma. Qué cantidad de años pasaron desde que tengo uso de razón. A veces pienso que mi cerebro, más allá de estar encarcelado en una bola rígida (como eso que vaya a saber qué anatomista llamó cráneo), crece sin parar.
Me resulta muy complicado escribir cuando siento tantas cosas. Algunos creen que es más fácil, pero la verdad es que, tanto acumulado en mente (y por qué no, corazón, como para no perder el poco romanticismo que me caracteriza), hace que una simple ráfaga te vuele las ideas que tal vez ayer, en este mismo horario, tenías en la punta de la lengua, flotando en mente, en las yemas de los dedos, con la injusta coincidencia de estar muy lejos de un teclado de PC o de un lápiz y un papel. 
Lápiz, papel: libro. No podría hacer un resumen de un estado de ánimo sin hacer hincapié en un libro. Cuando se está alegre, cuando no se aguanta un pedazo de ausencia, cuando se siente solo, cuando resulta imposible concentrarse para llevar a cabo alguna tarea, cuando se comparte una misma pasión/obsesión, cuando se vive como uno quiere... la gente verdaderamente no entiende de la vida, si no aprendió a valorar un libro. 
A veces creo que tengo (no me gusta el verbo tener en este caso, tal vez sea algún verbo no creado todavía) sentimientos nunca experimentados por nadie. Porque si alguien llamó "amor", "odio", "felicidad", "tristeza" y demás, a cada sensación (qué interesante que siempre exista antagonismo, cual Yin and Yang), ¿qué impide que exista algo novedoso, que además no posea antónimo?
Lo cierto es que, si verdaderamente estoy siendo víctima de un sentimiento nuevo (no creo que se pueda ser víctima, es notorio cómo me contradigo en todo lo que escribo porque es notorio, además, que no termino por comprenderme), no tendría palabras para explicarlo. 
Gran parte de mis días (en este lugar que llaman planeta Tierra y que, afirman, está a casi 150 millones de kilómetros de algo a lo que llaman Sol), me siento un poco sola. Quizás necesite de alguien con quién compartir pensamientos, ideas y, por qué no, sentimientos. 
Si hoy me preguntaran: ¿sos realmente feliz? (pregunta que suelo hacerme muy seguidamente), respondería: de a ratos; cuando me sumerjo en algún libro sin percibir a nadie ni nada de esta realidad, soy el tope de lo que se puede ser feliz; cuando estoy con personas que quiero, soy también feliz; pero cuando encuentre alguien que verdaderamente sepa entender esto de sentir cosas nunca sentidas, tal vez esa felicidad (que no estaría exenta de mucho, pero mucho amor), supere a todo lo que me hacen sentir hoy los libros.
Nada más por hoy.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario