jueves, 10 de diciembre de 2015

La altura despareja en los abrazos

La imagen románticamente cliché de ponerse, la persona más bajita, siempre en puntas de pie. La desalineación en la distancia de dos bocas. La distancia inalcanzable. Lo que tocan las bocas y lo que besan las manos. Lo que se escucha sobre un pecho cuando se abraza apoyando el oído. Una máquina que ha dejado de funcionar como lo hacía siempre. Esos ya no son latidos. Tengo grabado en mis tímpanos tu sonido tan mío.
Beneficios de ser la persona más bajita en los abrazos.

domingo, 4 de octubre de 2015

Guerra de las flores

Levantaos, hermanitas de senos de jade.
Levantaos, mujeres serpientes con faldas de serpiente.
Levantaos, hermanitas de lenguas de coral
con desgarros de esmeraldas y pimienta.
Vayamos, vayamos, buscaremos flores.
Vayamos, vayamos, cortaremos flores.
Aquí se extienden, aquí se extienden
las flores del agua y del fuego,
las flores del escudo,
las flores del jabalí,
las flores de prestigio que anhelan los hombres.

martes, 1 de septiembre de 2015

Alguien

Modifico aquí el texto dramático. Creo que escribí demasiado, para tan poca cosa.

Alguien es un chico raro. Tiene múltiples personalidades, es tímido para lo que le conviene, y a veces para lo que no le conviene. Es decir que es tímido de verdad. Y eso creo que le molesta.
Aparenta frialdad que le llega hasta los huesos, pero yo no le creo. Tiene un hemisferio cerebral dominado por la ironía, el humor negro y la burla. La mayoría de las veces habla desde el lugar de la perfección, tiene un ego insaciable. Dice que no le gusta que lo miren cuando camina (algo tan común como caminar, pobre diablo), aunque sospecho que lo disfruta.
Alguien es un extraño y, como siempre dije, solo confío en extraños. Sabe muchas cosas poco interesantes de mi vida: sabe de mis adicciones, sabe de mis lugares frecuentados, de mis personas favoritas en el mundo, de mi comida favorita en el mundo, y sabe, sobretodo, que lo considero un extraño. Sabe de las cosas que disfruto y de las que sufro. Sabe hasta de mis mentiras. Y se las cree. Sabe que nunca quise estar en el aquí y el ahora, y le conté también sobre la forma que descubrí para sobrellevar mi eterna desdicha. Sabe que a pesar de no conocerlo, lo quiero. Sabe que me gusta el olor de su piel cuando no se perfuma, y sabe que me gusta darle besos en los párpados. Sabe que existimos por algo, y que nos cruzamos por algo. Pero no demuestra ningún tipo de interés por averiguarlo. Sabe que soy tan frágil como él mismo. Que quizás, sobrepasar un límite nos lleve a perderlo todo. Y ese todo siempre es nada.
Porque nada de esto existe. No existe un alguien, no existo yo. No existe lo que sentimos. Porque no sentimos. No existe lugar para el amor, porque somos igualmente fríos.

lunes, 20 de julio de 2015

Mi cúpula (sin cuidados, no spoiler)

Voy a aprovechar la resaca literaria que me dejó el hecho de haber terminado de leer "La cúpula", de King, para ambientarles (no sé todavía a quiénes) el final que me hubiese -o hubiera- (alguien me enseñó a que nunca se debe decir "habría") gustado encontrar a mí. 
Bien sabe la mayoría de qué se trata, por la serie televisiva, más que por el libro de casi mil doscientas páginas de Times New Roman tamaño 11. Fácil y rápido sentarse a comerse los mocos y que el televisor cree sus propias imágenes, generándole un repudio a tu imaginación. Tu pobre e inhibida imaginación adicta al control remoto (sin saber todavía a quién señalo).
Para resumir los primeros tres cuartos de la larga historia, seré breve:
En el pueblo de Chester's Mill cae sorpresivamente media esfera transparente, un día cualquiera, sin anticipos. Un domo gigante que engloba casi todo el territorio y hace estragos a corto y largo plazo. En lo pronto, una avioneta se estrella contra la estructura invisible; una mujer que arregla su jardín pierde la mano porque el borde de la cúpula cae a la altura de su muñeca. La mujer con su antebrazo en Chester's Mill, y su mano, salpicando sangre a chorros, en el pueblo vecino, al otro lado. Morirá desangrándose lentamente. Y así, más situaciones similares (aquí es cuando un libro te deja volar la imaginación y decir "¿Qué hay de que si hubiera justo algún muchacho cachondo con el miembro erecto, y cae la cúpula justo al borde de su pubis, separando su pene del resto de su cuerpo?"). En lo que respecta a problemas a largo plazo es, sin dudas, lo que más queda haciendo ruido en la cabeza de cualquier ser pensante (espero que, si por cualquier motivo estás perdiendo el tiempo leyéndome, al menos sepas pensar un poco). Claramente en un encierro abrupto que impide la comunicación con el exterior, se sabe todo lo malo que habrá de pasar. Se cortaron cables y derribaron postes de luz. Lo mismo pasó con todo el sistema de abastecimiento de agua, que no sé explicar. El oxígeno pasó a ser un contra-reloj. En fin, todo lo que nosotros hoy creemos que nunca acabará, o que no pensamos que estamos malgastando, se pudrió. Se fue agotando. Rápido, como un cúbito de hielo se hace agua en el asfalto caliente. Y después lógicamente se evapora. Y desaparece.
Soy una fanática (y no todavía practicante) del canibalismo. Es la ley que avala la extensión de la supervivencia humana, si seguimos como estamos. Derroche, otariedad, fiesta y "me chupa un huevo". En La cúpula nunca llega ese momento.
Imaginé una votación entre los sobrevivientes, donde elegían la muerte. Recreé una escena donde los ciudadanos democráticamente elegían al más hijo de puta. Al que menos dejó en Chester's Mill (refiriéndonos a todo lo intangible y bueno que se puede entregar), o al que tal vez se llevó más. O robó. Sin delicadezas, ni fogatas ni cubiertos. Manos fuertes, algunas uñas filosas, y dientes a los que se les dé bien tironear del cuero. O de la piel humana. Ahí está el secreto de la vida.
A quién quiera que se le ocurra estar leyendo esto. Quizás no seas buen amigo. Quizás no sirvas como esposo ni como padre. Todo esto también con la opción de que seas mujer, o una hija de puta. Pero esos son solo títulos de los que se vale tu vida para hacerte un poco más feliz de a ratos. Estarás en problemas, y serios, cuando sepas, y sepan, que de verdad no serviste como persona. Nunca.
Pero no todo acabará ahí. En Chester's Mill a todo se le saca provecho.
De verdad creo que no hay amistad más pura que en la que uno se entrega. Los últimos minutos de vida que recuerdes, serán los mejores. Porque estás muriendo lentamente para que tus amigos continúen con su vida. Y porque ellos te eligieron. Algo como lo que cuenta la Biblia sobre Jesús, pero en vez de terminar atornillado en una cruz (imagino a algún traidor sacando un taladro), acabarás en el estómago de tus más famélicos amigos.
Replantéenselo. Piensen en cosas pequeñas como cuándo fue la última vez que tiraron un papel o una colilla de cigarrillo al suelo (cuando tenías un cesto a 15 metros), que dejaron enchufado el cargador a la pared, y el celular en el bolsillo. Cuántas veces jugaron al carnaval y desperdiciaron el agua sin siquiera saber qué carajos es el carnaval. O cuando nominaron al Ice Bucket Challenge a sus amiguitos, delatando lo estúpidos que pueden llegar a ser. O mil cosas obvias más.
Moraleja: Empiecen a cuidar su propia casa, si no quieren que los elijan como los mejores peores amigos. De hecho, no faltará gente como yo, que muera por probar carne humana asada.
¡Feliz día comercial del amigo, a mis pocos pero enormes amigos!

martes, 30 de junio de 2015

Caminos y amores

Fue un amor de esos que se dicen "a primera vista". Nunca lo he creído porque nunca lo había vivido. Hasta hace unas horas. Lo mismo que pienso me faltaría para ser parte de alguna religión. Aunque en realidad no somos parte, sino súbditos de una religión prepotente. Creer. Únicamente que eso sí es verdaderamente imposible. Fin.
Paso a contarles cómo fue qué me enamoré de este muchachito.
Fue sin darte cuenta, como suelo caminar, mientras iba hacia casa comiendo un chocolate que más tarde engordaría mi cuerpo pareciéndome a este señor. Él era gordo. Cuando pasé descuidadamente engulliendo sin ningún tipo de modales, creyendo que nadie me miraría jamás, fue que me fue imposible hacer la vista gorda (no tan gorda como el susodicho) porque sentí que algo me observaba. En realidad no sé si exactamente me observaba, o bien, me obligaba a observarlo. Algo como una fuerza. No una fuerza de atracción de esas que hacen que dos personas choquen, y generen algo mejor a lo que eran por separado. Porque no era de ninguna manera nuestro caso. Era una fuerza imposible de explicar: quizá una fuerza delicada, como siento cuando alguien enlaza sus brazos sobre mi cuerpo para abrazarme, aunque a eso no lo recuerdo mucho; tal vez una fuerza bruta como la que desliza las placas tectónicas, unas sobre otras, y sin embargo no la sentimos aquí en donde estamos hoy parados. Me quedaré con la segunda.
Entonces vi un gordito detrás de un vidrio manchado de reflejos de ciudad y rayos de sol. Lo juzgué de gordo antes de tiempo, porque no lograba ver muy bien. Pero era lindo y sabía que me gustaría más allá de lo que pudiera llegar a esconder en su oscura y temible alma.
Entré. Lo tomé con mis dos manos, era pesado.
Y, como una estúpida, llenos mis labios de un chocolatín barato, le dije: me gustas.
El problema de éstos amores a primera vista, es que te agarran siempre desprevenida. Y no porque justo no te hayas depilado, ni porque no compraste un forro. Sino porque estamos a fin de mes, y estar a fin de mes es sinónimo de estar con la plata justa.
Me enamoré a primera vista de una edición especial de los cuentos completos de Edgar Allan Poe. Traída tal vez en barco, o avión, pero no por ruta terrestre, a este país en que pocos leen y es por eso que estamos así.


Para los que preguntan cosas como: ¿Cómo hiciste para darte cuenta que tu boca iba manchada con chocolate? Sepan que, lamentablemente, el vidrio también reflejó mi cara fea, más aún superpuesta a la cara de Poe y la parca. Y mis comisuras negras. O marrones oscuras.
Y sepan, por último, que por ponerme a escribir idioteces como ésta, se me quemaron las últimas milanesas.
¡Qué difícil sobrevivir a fin de mes!

martes, 3 de febrero de 2015

El Boludo

Estaba escribiendo un texto poco importante sobre alguien que de a poco se irá convirtiendo (probablemente) en alguien muy importante.
Se me borró todo. El destino quiere que lo mantenga oculto.

jueves, 1 de enero de 2015

Me gusta bien o mal

Me gusta cómo soy. Creo que no sé bien cómo soy. Me gusta verme al espejo y no saber con certeza si soy esa cara, o en realidad me operaron de niña y soy una cara oculta, que nunca conoceré. Me gusta saber que probablemente no encuentre alguien más que escriba algo parecido a ésto que estoy escribiendo. Me gusta porque a veces creo que ser como soy, que siendo o tal vez pensando de una manera bastante particular, puede ser realmente algo nuevo para los demás. Pero veo y comprendo que estamos varados en un lugar donde todo el mundo ve como normalidad lo más cotidiano, o simplemente "lo normal"; e irónicamente cuando pedís definir "normal", te deleitan con chistes que no sé aprovechar.
Me gusta saber que tengo demasiado para dar. Me gusta tratar de entender que algún día alguien (o algo) me entenderá. Que tal vez si no logran comprender un poco de lo demás, no podrán tampoco apreciar eso que dije que tengo para dar. Sin nada a cambio.
Me gusta estar donde estoy, y a la vez cuento los días que faltan para cambiar de lugar.
Me cuesta, y a la vez me gusta, ocultar este tipo tan raro de fealdad, que a veces me martilla la cabeza haciéndome pensar y optar por una opción, y no una y media: ¿sentirte algo feo y que da miedo; o algo inapreciable, que ni siquiera llega a dar miedo porque directamente sos invisible? Para algunos que no comprenden, seguramente será casi lo mismo. Para otros tal vez la opción uno, y para los demás, la dos.
Para mí es cuestión de conocer. El error del mundo entero es creerse conocedor por haber leído sobre un tema en una sola bibliografía. Eso dicho a lo Mirta Botta.
Pero el verdadero error es creerse sabio sin saber lo que existe en otra mente, más allá de a lo que uno pueda llegar.
Por eso y por todo lo que dije (que releyéndolo ni yo misma lo termino de captar), aprendan a ser. Porque apuesto todo a que la última vez que pensaron en quedar bien con los demás, fue en el 2015, recíen estrenado.
¡Feliz año para todos! Y más feliz para quienes no comparten lo que pienso, porque eso es lo divertido: no coindicir.