Voy a aprovechar la resaca literaria que me dejó el hecho de haber terminado de leer "La cúpula", de King, para ambientarles (no sé todavía a quiénes) el final que me hubiese -o hubiera- (alguien me enseñó a que nunca se debe decir "habría") gustado encontrar a mí.
Bien sabe la mayoría de qué se trata, por la serie televisiva, más que por el libro de casi mil doscientas páginas de Times New Roman tamaño 11. Fácil y rápido sentarse a comerse los mocos y que el televisor cree sus propias imágenes, generándole un repudio a tu imaginación. Tu pobre e inhibida imaginación adicta al control remoto (sin saber todavía a quién señalo).
Para resumir los primeros tres cuartos de la larga historia, seré breve:
En el pueblo de Chester's Mill cae sorpresivamente media esfera transparente, un día cualquiera, sin anticipos. Un domo gigante que engloba casi todo el territorio y hace estragos a corto y largo plazo. En lo pronto, una avioneta se estrella contra la estructura invisible; una mujer que arregla su jardín pierde la mano porque el borde de la cúpula cae a la altura de su muñeca. La mujer con su antebrazo en Chester's Mill, y su mano, salpicando sangre a chorros, en el pueblo vecino, al otro lado. Morirá desangrándose lentamente. Y así, más situaciones similares (aquí es cuando un libro te deja volar la imaginación y decir "¿Qué hay de que si hubiera justo algún muchacho cachondo con el miembro erecto, y cae la cúpula justo al borde de su pubis, separando su pene del resto de su cuerpo?"). En lo que respecta a problemas a largo plazo es, sin dudas, lo que más queda haciendo ruido en la cabeza de cualquier ser pensante (espero que, si por cualquier motivo estás perdiendo el tiempo leyéndome, al menos sepas pensar un poco). Claramente en un encierro abrupto que impide la comunicación con el exterior, se sabe todo lo malo que habrá de pasar. Se cortaron cables y derribaron postes de luz. Lo mismo pasó con todo el sistema de abastecimiento de agua, que no sé explicar. El oxígeno pasó a ser un contra-reloj. En fin, todo lo que nosotros hoy creemos que nunca acabará, o que no pensamos que estamos malgastando, se pudrió. Se fue agotando. Rápido, como un cúbito de hielo se hace agua en el asfalto caliente. Y después lógicamente se evapora. Y desaparece.
Soy una fanática (y no todavía practicante) del canibalismo. Es la ley que avala la extensión de la supervivencia humana, si seguimos como estamos. Derroche, otariedad, fiesta y "me chupa un huevo". En La cúpula nunca llega ese momento.
Imaginé una votación entre los sobrevivientes, donde elegían la muerte. Recreé una escena donde los ciudadanos democráticamente elegían al más hijo de puta. Al que menos dejó en Chester's Mill (refiriéndonos a todo lo intangible y bueno que se puede entregar), o al que tal vez se llevó más. O robó. Sin delicadezas, ni fogatas ni cubiertos. Manos fuertes, algunas uñas filosas, y dientes a los que se les dé bien tironear del cuero. O de la piel humana. Ahí está el secreto de la vida.
A quién quiera que se le ocurra estar leyendo esto. Quizás no seas buen amigo. Quizás no sirvas como esposo ni como padre. Todo esto también con la opción de que seas mujer, o una hija de puta. Pero esos son solo títulos de los que se vale tu vida para hacerte un poco más feliz de a ratos. Estarás en problemas, y serios, cuando sepas, y sepan, que de verdad no serviste como persona. Nunca.
Pero no todo acabará ahí. En Chester's Mill a todo se le saca provecho.
De verdad creo que no hay amistad más pura que en la que uno se entrega. Los últimos minutos de vida que recuerdes, serán los mejores. Porque estás muriendo lentamente para que tus amigos continúen con su vida. Y porque ellos te eligieron. Algo como lo que cuenta la Biblia sobre Jesús, pero en vez de terminar atornillado en una cruz (imagino a algún traidor sacando un taladro), acabarás en el estómago de tus más famélicos amigos.
Replantéenselo. Piensen en cosas pequeñas como cuándo fue la última vez que tiraron un papel o una colilla de cigarrillo al suelo (cuando tenías un cesto a 15 metros), que dejaron enchufado el cargador a la pared, y el celular en el bolsillo. Cuántas veces jugaron al carnaval y desperdiciaron el agua sin siquiera saber qué carajos es el carnaval. O cuando nominaron al Ice Bucket Challenge a sus amiguitos, delatando lo estúpidos que pueden llegar a ser. O mil cosas obvias más.
Moraleja: Empiecen a cuidar su propia casa, si no quieren que los elijan como los mejores peores amigos. De hecho, no faltará gente como yo, que muera por probar carne humana asada.
¡Feliz día comercial del amigo, a mis pocos pero enormes amigos!