lunes, 15 de mayo de 2017

Volver a Julio

Titulo esta entrada refiriéndome a Cortázar.
Volver a Julio después de tanto –no tanto tiempo, sino tantas lecturas entre medio– debe ser como tener muchas primeras veces de algo que nos ha encantado. Aquí vamos:
Alguien me dijo hace poco, que el Julio que todos adoran por puro snobismo es el Julio novelista; cuando, en realidad, el Julio menos conocido es un excelente narrador de cuentos.
En Segunda vez nos pone a prueba –a mí por primera vez– con parte de su realismo mágico, su realidad transformada que no permite encontrar la solución, porque deja que la solución nos encuentre a nosotros y no ahora, sino cuando ella quiera.
Leer por primera vez algo que no es del todo unidireccional, obliga siempre a releer para pensar “¿a dónde quiso llegar con todo esto?” En un cuento sobre la muerte, releer implica, de alguna forma, no aceptar o no querer aceptar. Ahora bien, la nebulosa de interrogantes que se arma en la cabeza, se resume en esto: la vida es una sala de espera, comunicada con una oficina a través de una puerta, sin otra salida que esa puerta de entrada. Del primer encuentro todos salimos por la misma puerta, ¿pero del segundo? Carlos entró a la oficina y desapareció para siempre, porque nunca salió por esa única puerta existente, para volver a recorrer la sala de espera e irse a casa. Eso es la muerte. Un primer llamado de advertencia, y una Segunda vez que nos transportará sin retorno a un lugar del que todavía nadie nos pudo contar.
Releer el cuento es tan imposible como volver a nacer... No puede haber otra, no tiene que haber lugar para una Segunda vez.
Gracias, Julio, por ser mi excepción.